Trabajar por la vida plena que Dios Padre quiere para sus Hijos

 

De la Pastoral de los Obispos de Venezuela (23 –enero 2010

 

La violencia nos abruma

3. Con gran dolor vemos cómo Venezuela se convierte a pasos agigantados en una sociedad violenta. Comprobamos que la violencia se presenta incluso en el mismo seno del hogar: la sufren la mujer, los niños y niñas, y se manifiesta en forma física, psicológica o sexual.

4. Cada día se incrementa dramáticamente el índice de homicidios, que coloca a Venezuela entre los países del mundo con mayor número de muertes por asesinato. Hoy se asesina hasta por cuestiones banales: para robar cualquier objeto; se asesina por venganza o por encargo, a través del oscuro mundo del sicariato; se asesina bajo los efectos del alcohol o las drogas; igualmente ha habido asesinatos por cuestiones políticas. Estos asesinatos son realizados casi siempre con armas de fuego que circulan sin control alguno.

5. Esta violencia criminal se nos está haciendo cada vez más cercana. Los robos a edificios completos, el secuestro en sus más variadas formas, se están convirtiendo en prácticas delictivas frecuentes. En la calle abunda el tráfico y la tenencia ilegal de armas de fuego. Los recintos que en otros tiempos se consideraban «sagrados» en la comunidad, tales como la escuela, el hospital, el templo, son ahora espacios propicios para cometer cualquier tipo de delito. (...)

 

En búsqueda de la paz

27. Queremos convertirnos en una Iglesia llena de ímpetu y audacia evangelizadora. Para ello hemos de seguir a Jesucristo en medio de los sufrimientos y las victimas que esta sociedad violenta está produciendo, especialmente entre los más pobres y débiles, para ofrecerles la esperanza de su Evangelio y la fuerza del Espíritu, para trabajar por la vida plena que Dios Padre quiere para sus hijos; por tanto, proponemos algunas acciones que nos permitan avanzar hacia la promoción y la defensa de la dignidad humana en nuestra tarea evangelizadora:

 

Proponemos algunas acciones

a.-La Iglesia debe seguir anunciando, con dinamismo y fuerza, el reino de Dios, que es un reino de Paz, Justicia y Amor. Jesús vino a traernos su mensaje y a realizarlo con su vida. Pero nos ha dejado la misión de proclamarlo, anunciarlo y asumirlo como principal tarea de la comunidad eclesial.

b.-Los organismos de Derechos humanos de la Iglesia o de inspiración cristiana, están en la obligación de denunciar todo aquello que produce violencia en la sociedad, que pone en peligro la vida y la integridad física de las personas y sus bienes, que menoscaba sus derechos, que impide la convivencia, que causa explotación y muerte en nuestras fronteras, en los territorios indígenas y en las periferias de las grandes ciudades.

c.-Incidir junto con otras organizaciones de la sociedad civil para que los poderes del Estado elaboren políticas eficientes dirigidas a:

El rescate de las instituciones encargadas de garantizar el derecho a la seguridad ciudadana y la convivencia pacífica en el ámbito público. La promoción de una eficiente política de desarme. La lucha contra el narcotráfico, distribución y la venta de drogas. El saneamiento de las instituciones encargadas de administrar justicia

d.-Promover acciones concertadas entre organizaciones públicas y privadas, para trabajar en proyectos que atiendan especialmente:

El derecho a la calidad de vida de la niñez y la juventud en situación de peligro.
La protección a las madres, a los niños y las niñas, de cualquier forma de maltrato.
A las familias en situación de vulnerabilidad

e.-Las Diócesis y Vicariatos deben acompañar a las comunidades a rescatar sus espacios públicos para la convivencia, a encontrar mecanismos de mediación y resolución de conflictos.

f.-Desarrollar en cada Diócesis una pastoral juvenil orgánica, que permita acompañar adecuadamente a los jóvenes desde sus mundos de vida y en sus expectativas, ayudándoles a imaginar su proyecto de vida conforme al Evangelio, capacitándolos para enfrentar la tentación del consumo de drogas y el uso inmoderado del alcohol, enseñándolos a vivir en relaciones de solidaridad con los demás, abiertos al diálogo y a la tolerancia.

g.-Fortalecer la Educación Religiosa Escolar (ERE), aprovechando su valor educativo humano-cristiano, para que nutra el accionar de los niños y niñas en la construcción de la paz.

h.-Los centros educativos deben educar para la paz, fomentando los valores de convivencia, tolerancia y respeto, renovando la atención pastoral, fortaleciendo la vocación docente y ampliando la oferta educativa más allá de lo encomendado formalmente.

i.-Fortalecer la pastoral penitenciaria para promover la humanización de nuestras cárceles, así como el respeto a los derechos humanos, la agilización de los procesos de justicia y atender las distintas necesidades de los internos y sus familiares.

j-Promover la celebración nacional de la paz y la reconciliación en el marco de la fiesta de San Francisco de Asís, quien fue un promotor de la paz y el desarrollo integral de la persona.

(Tomado de la Agencia Zenit)